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Sexting y secuestro virtual: la pesadilla de una mujer tras un robo en Posadas

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Fueron momentos de pesadilla, de esos en los que María se preguntó varias veces si era verdad lo que le estaba sucediendo. No quería y no podía creer cómo el robo de un celular, de su celular, podría causar semejante daño: publicaron una foto íntima suya en las redes, pidieron dinero por su rescate e incluso les dijeron que se iba a matar a quienes buscaban comunicarse con ella.

La protagonista vive en Posadas, tiene 30 años y María no es su verdadero nombre. Después de días intensos, que sirvieron también para darse cuenta que eligió bien a las personas que la rodean, decidió hablar con El Territorio y contar su experiencia.

Lo hace sobre todo para concientizar, pero también abre un debate. Sobre la foto que se divulgó en todas sus redes sociales e incluso en las de su trabajo, considera que es simplemente “un cuerpo” y que hacerse nudes – aunque la de ella es de un registro viejo- en la actualidad es algo muy normal, por lo que le podría pasar a cualquiera.

“Ahora se me pasó, pero tenía mucha bronca e impotencia, fue una cachetada. Después me puse a pensar y no hay nada raro, ninguna obscenidad, no estaba haciendo nada, no era ni provocativa. Era un cuerpo. Se escandalizan tanto por eso y naturalizan muchas otras cosas más jodidas. Por suerte todos me conocen y sabían que no era yo, pero se re desubicaron”, repite respecto a los delincuentes.

Todo comenzó el martes por la noche, cerca de la estación de transferencia Unam, a donde había llegado con amigos luego de jugar al vóley. Tenía el celular en la mano y poco antes de subir al colectivo dos jóvenes se lo arrebataron y salieron corriendo. No los siguió porque “no sabía si estaban armados”, pero además porque el aparato, viejo y roto, no tenía mucho valor.

Estaba “pichada”, como describió, pero luego de dar de baja su línea y hacer los reportes del caso, se fue a otra cancha a seguir jugando. Una vez en el lugar, uno de los amigos reportó en uno de los grupos de WhatsApp lo que había pasado, momento en que inesperadamente “ella” respondió.

“En el grupo empezó a responder el ladrón. Empezó a mandar audios y decía ‘que ya me paguen algo o le voy a hacer mierda’ y cosas así. Empezó a amenazar. Dije ‘no pasa nada, porque no tengo nada’, y entonces manda esa foto y me quedé helada. Yo pensaba que la había eliminado hace mucho tiempo”, siguió su relato.

Considera que como ella estaba ocupando su celular, los delincuentes no tuvieron que sortear la contraseña de bloqueo. “Ahí me desesperé -detalló-, porque tenía que buscar la forma de que no la publique en otro lado”.

Se fue hasta su casa, abrió la computadora y empezó a buscar la forma de desvincular sus redes sociales, donde también ya se había posteado la imagen. Incluso su foto estuvo algunos segundos en una de las cuentas del lugar donde trabaja. A los delincuentes no les importó nada.

Secuestro virtual y suicidio

Lo que no pudo hacer es borrar la foto del estado de WhatsApp, algo que dio paso a que a un accionar aún más grave por parte de quienes se habían apoderado de su móvil. “A eso no podía entrar y me desesperé, la gente empezó a ver, se dieron cuenta de que no era yo y empezaron a llamar por teléfono”, describió.

“En uno de los casos atendió una chica, le decían que era yo y que me quería suicidar, que me estaba por ahorcar. Después otro llamó por teléfono, atendieron y dieron que me tenían secuestrada. Él le responde que deje de hacer eso y le dijeron ‘mirá, le voy a cortar los dedos si no pagás’, contó María, que en ese momento no sabía todo lo que estaba pasando, sino que pudo reconstruirlo en charla con sus cercanos más tarde. Los reportes fueron muchos y de todo tipo.

“A mis familiares también les dijeron que me tenían secuestrada. Ahí se despertaron, les dijeron que me iban a matar”, amplió.

La situación tomó tal magnitud que empezó a llegar gente a su casa, algunos muy preocupados y otros en busca de entender qué estaba sucediendo. Incluso sus amigos casi saltan el muro perimetral porque sospecharon que la podrían tener privada de su libertad allí.

“Creo que me podrían haber robado el celu y quedaba ahí, pero como no valía nada mi celu empezaron a buscarle la vuelta para sacar guita. La foto no me molestó tanto como las boludeces que dijeron y cómo afectó a los demás”, enfatizó. De todas formas, tras varios reportes, la red de mensajería se bloqueó.

Ahora teme que puedan seguirla e incluso vio a gente sospechosa en su lugar de trabajo. Su mente no deja de estar alerta porque sabe que los delincuentes tuvieron acceso a todos sus datos. Saben cómo es, donde trabaja, con quién se relaciona. 

Denuncia e investigación

María realizó la denuncia al día siguiente en la Unidad Regional I y también reportó lo sucedido a la Dirección de Cibercrimen, aunque hasta ahora no le reportaron avances. Si bien el teléfono fue geolocalizado por la víctima, quien lo ubicó en el barrio A 3-2, por obvias razones luego lo desvinculó de su cuenta y no se pudo seguir el rastro. Desde Cibercrimen dijeron que se mandó una comisión para verificar el recorrido del aparato, pero no pudieron dar con sospechosos.

La jefa de Cibercrimen, Sandra Ozuna, expresó que los casos de sexting (la divulgación de imágenes con contenido sexual o erótico sin consentimiento) son frecuentes, pero aseguró que nunca tomaron conocimiento de un caso de estas características, que derivó en un secuestro extorsivo, amenazas y chantaje.

Aclaró, de todas formas, que no tuvo acceso a la denuncia completa de la joven -que se hizo en otra dependencia-, por lo que la Dirección no estaba al tanto de todo lo sucedido. También expresó que puede ser que la denunciante no haya expresado todo en su denuncia, aunque en contrapartida la denunciante señaló que sintió que en sede policial no dimensionan la gravedad de lo que reportó.

Ozuna también recordó que los últimos reportes de secuestros virtuales datan de 2019, en la localidad de Puerto Iguazú. Uno de los casos es el de un hombre que recibió una llamada de delincuentes, quienes aseguraban tener secuestrada a su mujer, e incluso pusieron una voz femenina en la línea. En verdad su pareja estaba en el banco y no podía atender su celular, como se pudo comprobar.

La profesional remarcó que los timbres de voz del teléfono pueden confundirse, por lo que es una modalidad muy común en los casos de estafa. “Hay que cortar, ver el número, llamar a la persona. Tener un segundo de lucidez para hacer preguntas que sólo la persona podría saber. No hay que acceder inmediatamente a lo que el delincuente solicita”, aconsejó. 

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