Un nuevo siniestro registrado sobre la avenida Roque González volvió a encender la preocupación por las conductas de riesgo que se repiten a diario en Candelaria, especialmente entre quienes circulan en motocicleta.

Más allá de los controles policiales o municipales, crece el reclamo por una mayor conciencia vial y por el acompañamiento de las familias en el uso responsable de motos por parte de los jóvenes.
Un accidente ocurrido sobre la avenida Roque González, en Candelaria, volvió a poner sobre la mesa una problemática que se observa con frecuencia en distintos puntos de la ciudad: la falta de conciencia y educación vial entre algunos conductores de motocicletas.
Si bien hasta el momento no se cuenta con información oficial suficiente para establecer responsabilidades sobre este hecho en particular, el episodio vuelve a llamar la atención sobre situaciones que los vecinos observan diariamente: motociclistas circulando sin casco, llevando tres personas en un mismo rodado o desplazándose a velocidades muy elevadas, incluso en sectores urbanos con intenso movimiento.
La seguridad vial no puede reducirse únicamente a los operativos de tránsito, controles policiales, multas o retenciones de vehículos. Esas herramientas son necesarias, pero no alcanzan si no existe una verdadera toma de conciencia por parte de quienes conducen.
La responsabilidad comienza antes de salir a la calle.
El casco no debería utilizarse solamente para evitar una multa, sino porque puede marcar una diferencia decisiva ante una caída o un choque. Del mismo modo, respetar la cantidad de ocupantes permitida, disminuir la velocidad y cumplir las normas básicas de circulación debería formar parte de una conducta cotidiana.
Una responsabilidad que también empieza en casa
La problemática adquiere todavía mayor relevancia cuando quienes utilizan las motocicletas son adolescentes o jóvenes.
En esos casos, también aparece una responsabilidad familiar. Saber cómo utilizan el vehículo, controlar si cuentan con casco, hablar sobre los riesgos de conducir a alta velocidad y establecer límites puede contribuir a prevenir situaciones que después pueden tener consecuencias irreversibles.
No se trata solamente de señalar a quienes conducen una moto ni de responsabilizar exclusivamente a las autoridades. La seguridad vial requiere un compromiso colectivo en el que deben participar el Estado, las instituciones educativas, las familias y principalmente cada conductor.
En una ciudad donde la motocicleta es uno de los medios de transporte más utilizados, avanzar en educación vial desde edades tempranas resulta cada vez más necesario.
Cada accidente debería servir para recordar algo básico: en la calle, una imprudencia de apenas unos segundos puede afectar no solamente a quien conduce, sino también a acompañantes, peatones y otros vehículos.
Más controles pueden ayudar. Más presencia policial también. Pero sin conciencia individual y educación desde el hogar, cualquier esfuerzo termina siendo insuficiente.
Fuente: Candelaria Online / información recabada en el lugar.







