Candelaria avanza con una de las intervenciones de infraestructura pluvial más importantes de los últimos años. La primera etapa se ejecuta en el barrio San Jorge, un sector históricamente afectado por anegamientos, y contempla una red troncal de aproximadamente 1.350 metros.
La obra, financiada por la Entidad Binacional Yacyretá, genera además 57 puestos de trabajo y fue diseñada como parte de un sistema que permitirá continuar avanzando posteriormente sobre otros sectores de la ciudad.

Después de años de convivir con zanjas abiertas, acumulación de agua y problemas cada vez que las lluvias golpeaban con intensidad, el barrio San Jorge comienza a atravesar una transformación histórica.
La Municipalidad de Candelaria puso en marcha el Sistema de Desagües Pluviales y Vialidad Conexa del Área Urbana de Candelaria – Barrio San Jorge – Cuenca N.º 5, una obra de gran envergadura destinada a ordenar el escurrimiento del agua y comenzar a resolver de fondo una problemática que durante décadas afectó a numerosas familias.
Esta intervención representa una primera etapa dentro de una planificación de infraestructura pluvial más amplia, con la perspectiva de que el sistema pueda continuar extendiéndose posteriormente hacia otros barrios y sectores que enfrentan problemáticas similares.
El proyecto contempla una red troncal de aproximadamente 1.350 metros, que parte desde el sector de avenida Roque Sáenz Peña y Rivadavia.
El corazón del sistema será un conducto principal de grandes dimensiones, de aproximadamente 2,20 metros de ancho por 1,45 metros de alto, preparado para recibir y transportar importantes volúmenes de agua durante episodios de lluvia.
A esta estructura se incorporarán alrededor de 100 metros de tubos premoldeados de 1.000 milímetros de diámetro sobre calle Sarmiento, otros 150 metros de tubos de 800 milímetros en sectores de Sargento Cabral y Basilio de Simón, además de conductos de 1.200 milímetros previstos dentro del sistema.
Pero la intervención no termina bajo tierra.
A lo largo del recorrido se construirán también cordones cuneta, badenes y sumideros, encargados de captar el agua de lluvia y conducirla hacia el ducto principal.
Para los vecinos, esto significará un cambio concreto y visible: muchas de las zanjas que actualmente atraviesan los frentes de las viviendas podrán desaparecer, mejorando los accesos, la circulación y las condiciones generales del barrio.

Una obra planificada para reducir las molestias a los vecinos
La magnitud de los conductos necesarios obligó a diseñar un sistema especial de construcción.
Para evitar mantener durante largos períodos excavaciones abiertas frente a las viviendas, el municipio montó una verdadera línea de producción de grandes piezas premoldeadas de hormigón armado.
Los módulos son fabricados previamente en el obrador, con trabajos desarrollados frente a la Escuela N.º 8 y en instalaciones de Obras Públicas. Una vez terminados, son trasladados hasta el lugar correspondiente para su colocación.
Esta metodología busca acelerar los tiempos de ejecución en cada cuadra y reducir las complicaciones propias de una obra de semejante magnitud.
En el proyecto intervienen ingenieros, topógrafos, responsables técnicos y personal especializado, articulando tareas entre las áreas de Obras Públicas, Planeamiento Urbano y Catastro.
La ejecución cuenta además con supervisión y certificación de la Entidad Binacional Yacyretá, organismo que financia la obra luego de un extenso proceso de gestiones para lograr su concreción.
Infraestructura y trabajo: 57 familias alcanzadas
La obra tiene además otro impacto inmediato para Candelaria: la generación de 57 puestos de trabajo.
En un contexto económico complejo, la puesta en marcha de una infraestructura de esta magnitud representa no solamente una solución urbana, sino también una importante fuente de trabajo y movimiento para familias de la ciudad.
El desafío es resolver lo urgente sin perder de vista el futuro.
San Jorge constituye el punto de partida de una intervención que busca cambiar la manera en que Candelaria enfrenta el crecimiento urbano y el manejo de las aguas pluviales.
Será una obra que, una vez terminada, quedará en gran parte escondida debajo de las calles. Sin embargo, sus resultados deberán sentirse arriba: cuando llegue cada tormenta, en calles con mejor escurrimiento, menos agua acumulada, mejores accesos y mayor tranquilidad para las familias.
La primera etapa ya está en marcha. Y representa un paso fundamental hacia una Candelaria con infraestructura preparada para acompañar su crecimiento y resolver problemas que durante demasiado tiempo parecían no tener solución.









