
Quienes transitan a diario la Ruta 12, a la altura de Miguel Lanús, frente al Banco Macro, seguramente lo han visto en el semáforo vendiendo turrones, con una sonrisa persistente y una historia de vida marcada por la humildad y momentos difíciles. Pola nunca dejó de trabajar ni de mirar hacia adelante, aunque había un anhelo que parecía lejano: conocer el mar.
Ese deseo, guardado durante años, comenzó a tomar forma gracias a un gesto solidario que emocionó a muchos. Diego Allou, actual presidente del Club Crucero del Norte, junto a su familia, decidieron tender una mano y hacer posible lo que para Pola parecía inalcanzable.
No fue solo un viaje. Fue el cumplimiento de un sueño postergado, una caricia al alma después de una vida dura. Ver el mar por primera vez, escuchar las olas, sentir la arena bajo los pies… experiencias simples que, para Pola, significaron todo.
Historias como esta recuerdan que la solidaridad todavía existe, que los gestos humanos cambian destinos y que los sueños no tienen edad ni condición social. A veces, solo necesitan que alguien crea en ellos.

Hoy Pola conoce el mar.
Y con él, muchos volvimos a creer un poco más en la empatía y en el poder de ayudar.