Lo expulsaron de su chacra de Cerro Corá mientras estaba internado

Don José Correa, de 81 años, debió intervenirse en Posadas y, cuando volvió a su chacra, encontró todas sus cosas tiradas en la vereda. Hace un año vive en una tapera en Candelaria.

Hace 36 años, don José Correa andaba en búsqueda de una chacra para trabajar. Fue así que se dirigió a la Dirección de Tierras y solicitó un lote vacío. 

El Estado misionero le otorgó el permiso de ocupación de una chacra de 25 hectáreas en el paraje Bella Vista, en Cerro Corá.

Don José y su esposa se instalaron en el predio y, con el correr de los años, criaron nueve hijos. Ya adultos, lo ayudaban en las labores del campo y, poco a poco, se fueron yendo a continuar con sus vidas y sus proyectos.

En ese tiempo, el Iprodha le construyó a José y su familia una vivienda digna, con conexión eléctrica y un tanque de agua elevado. Además, el trabajador alambró todo el predio con sus propias manos. 

Con la ayuda de instituciones del Estado, tales como el Inti y el Ifai, don José se convirtió en productor de pino y en referente de la zona en plantaciones de frutilla.

De hecho, el esplendor de las frutillas de don José llegó inclusive a las pantallas de la televisión pública provincial.

Golpe al corazón

La salud de Don José Correa se deterioró y terminó operado del corazón e internado en el hospital Madariaga, en Posadas. Fue durante uno de esos días en reposo en la capital provincial que se concretó una amenaza que pesaba hace un tiempo sobre el hombre: lo expulsaron de su chacra.

Fue una mañana de septiembre de 2019, hace más de un año, cuando una comisión policial, acompañando a la jueza de Paz de Cerro Corá, Griselda Pereira, llegó para dar cumplimiento a una orden de desalojo impulsada por un supuesto dueño de la chacra, a quien Correa identificó como Luis Almada.

Para cuando don José salió de su internación e intentó volver a su chacra, encontró sus cosas en la vereda y ya nada le pertenecía: ni las tierras, ni la casa que le construyó el Iprodha, ni los pinos que plantó. “Perdí todo. No tengo más nada”, le confesó a La Voz de Misiones en una entrevista realizada en su precaria vivienda en Candelaria.

“Tengo una vida perdida”, dijo emocionado el anciano, que le dedicó gran parte de su vida a trabajar su chacra, a donde espera volver o, al menos, recibir a cambio algo digno para continuar con su merecido retiro.

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