Se gastaban todo el sueldo en asado y apuestas; la comuna decidió pagarles sólo a sus esposas

Las mujeres del pueblo empezaron a cobrar los sueldos en la comunidad (La Gaceta)

El insólito episodio ocurrió en Rumi Punco, un pequeño pueblo de la provincia de Tucumán. Los operarios municipales se habían endeudado con todos los comerciantes de la comunidad debido a la famosa “fiesta de los viernes”. A raíz del hecho, se incrementó de manera muy fuerte la inclusión femenina en el mercado laboral del lugar.

La historia pudo haber pertenecido a un cuento de Roberto Fontanarrosa, pudo haber sido el hilo narrador de alguna serie cómica. Lo cierto es que la Argentina profunda esconde en sus rincones más recónditos tramas atrapantes, polémicas y hasta bizarras.

El hecho ocurrió hace poco más de un año y cambió por completo la dinámica de un pequeño pueblo ubicado justo en el límite de las provincias de Tucumán y Catamarca. El escenario fue Rumi Punco, una pequeña comuna tucumana que alberga 2.000 habitantes y que a raíz de un episodio pintoresco hasta se animó a desafiar sus antiguas tradiciones culturales.

Durante finales de 2015, unos 32 hombres de la ciudad habían sido destinados a las obras de refacción que se desarrollarían durante meses.

Una mitad estaba destinada al acondicionamiento del Centro Comunitario de la ciudad, mientras que la otra se encargaría de mejorar las condiciones de la red de agua. El trabajo consistía en jornadas de ocho horas, de lunes a viernes, y el cobro de unos 3.200 pesos quincenales a cobrar por parte de la Comuna cada viernes.

El hecho de que se cobrara al final de la semana y antes del sábado y domingo empezó a traer consecuencias y a generar problemas para la propia Municipalidad.

“A los hombres de este pueblo les gusta demasiado la fiesta. Entonces, después de unas semanas, empezaron a cambiar un poco las cosas. Los viernes empezaron a llegar al trabajo a las 6 de la mañana para terminar a las 14. Luego cobraban su sueldo quincenal y empezaba la joda”, relató el delegado comunal, Jorge Rodríguez, a Infobae.

“Se empezaba con el asadito, después iban al almacén a comprar bebidas, cerveza, fernet, lo que sea. Y ya llegada la noche, empezaban con los juegos de cartas, el truco, el 21 y también las apuestas”, continuó.

Según explicó Rodríguez, los operarios pasaban hasta 12 horas de fiesta y se gastaban gran parte del sueldo en esas celebraciones. Además, como si fuera poco, se endeudaban con los diferentes locales del pueblo y contribuían a un clima de tensión innecesario.

“Este es un pueblo muy chico. Acá nos conocemos todos, hay sólo cuatro o cinco almacenes. Entonces, después de que pasó un tiempo de las obras, empezamos a recibir a los dueños de los almacenes, quienes nos recriminaban ‘¿qué les pasa que no les pagan los sueldos a los obreros?’. El problema es que los comerciantes fiaban los productos a los operarios y éstos nunca abonaban su deuda“, detalló.

Así, se empezó a generar una incertidumbre dentro de la comunidad, salvo los viernes al mediodía, cuyos asados y “timba” ya eran sagrados.

Hasta que la propia comuna se hartó de la dinámica construida y lanzó una iniciativa tan sorprendente como reveladora. El día del cobro se pasaría al martes y las encargadas de recibir el dinero del sueldo serían las mujeres de la familia.

“Ante la sorpresa nuestra, fue una iniciativa que funcionó a la perfección. Los hombres terminaron aceptando que era mejor cobrar el sueldo en la mitad de la semana y reconocieron que ellas cuidaban mejor la plata. Los que no tenían pareja, mandaban a su madre o alguna hermana”, le dijo Rodríguez a Infobae.

Además, desde la comuna preferían que el dinero se gastase en una feria que se instalaba en la plaza cada miércoles por la mañana y no en carne, bebidas alcohólicas o apuestas.

Desde el episodio, creció abismalmente la inclusión femenina en el mercado laboral de Rumi Punco (La Gaceta)

Desde el episodio, creció abismalmente la inclusión femenina en el mercado laboral de Rumi Punco (La Gaceta)

Así y todo, la historia dio un giro tan beneficioso como inesperado en la comunidad. A raíz de la presencia de las esposas en las oficinas de la comuna se generó una ola de inclusión femenina en el mercado laboral enorme.

“Las mujeres venían y nos decían, ‘¡Nosotras también queremos cobrar nuestro sueldo!’. Yo les respondía que había trabajo disponible, pero era habitualmente realizado por hombres”.

Hoy, un año después, Rumi Punco puede ostentar de haber incrementado muchísimo la participación femenina en su mercado laboral.

“Hasta ese episodio, las mujeres solían quedarse en casa cuidando a los hijos o esperando a sus maridos. Hoy tenemos carpinteras, albañiles, obreras, algunas trabajan con carbón, otras hacen viveros. Hasta hubo un grupo que se encargó nada menos que de llenar 35 camiones de tierra en la reconstrucción de la plaza municipal. Toda la ciudad vivió un cambio enorme. Hoy las mujeres compiten con los hombres por los puestos de trabajo”, celebró Rodríguez.

Rumi Punco pudo empezar a desafiar a una tradición cultural que debió haber quedado en el tiempo hace décadas. La igualdad de género empezó a hacerse presente de la manera más inesperada.

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